No se trata de resolver el problema
de los indígenas,
sino de resolver el problema con los indígenas

 

Hace casi seis años los indígenas lanzaron un grito y el grito estremeció a México y al mundo. Pero el gobierno no entendió el lenguaje de su grito.

Y porque no entendió su grito, les dio pan porque creyó que tenían hambre, que la tenían; y cobijas, porque pensó que tenían frío, y lo tenían.

El gobierno no comprendió que su clamor se elevaba a carencias más profundas.

Querían ustedes el reconocimiento de su dignidad de seres humanos. La afirmación de su pasado, su historia y su cultura.

Reclamaban oportunidades, la oportunidad de recuperar los valores y el sentido de la vida de los indígenas; la oportunidad de construir un nuevo marco de convivencia nacional!

Quiero decir a ustedes que tienen razones, y tienen razón, y que aspirar a la justicia, es suficiente con uno que no la tenga, y que aspirar a disfrutar de los bienes de la tierra, es suficiente con uno que no los disfrute.

He recorrido el país. He visitado todos los estados de la república y puedo afirmar que su denuncia rompió el silencio de millones de mexicanos que sufren el mismo dolor.

En mis recorridos he escuchado a muchos indígenas y puedo afirmar que la situación es igualmente difícil en otros estados de la república.

Como gobernador tuve el privilegio de compartir muchos momentos con indígenas. Guanajuato, como muchos otros estados del país, cuenta con una población indígena, aunque minoritaria, igualmente respetable.

Ellos, los Chichimecas, nos han expresado con mucha claridad lo que esperan los indígenas de nuestro país: ser más libres y más fuertes. Así de simple, así de importante.

Nunca, nunca se me van a olvidar los trece niños Chichimecas que murieron en el invierno de 1995, a principios de mi gobierno. Siento aún el escalofrío de esta terrible realidad.

Nuestro compromiso fue el de abrir más y más oportunidades de inclusión, respetando siempre su identidad y su cultura.

Sabemos que en la medida en que nuestros pueblos indígenas ocupen el honroso lugar que por justicia les corresponde, estaremos construyendo un México más grande.

Nos calan hasta lo más hondo las condiciones de marginación que han padecido durante siglos. No podemos perder más el tiempo.

En la historia de nuestra patria hay una experiencia que probablemente da con el camino; la de los misioneros de los siglos XVI y XVII, que, por encima de su intención religiosa, llevaban a cabo una extraordinaria tarea humanista, probablemente haya que revisar sus métodos, su espíritu y sus formas.

Ellos hablaron el lenguaje de los misionados, estudiaron sus formas de gobierno, y tenían razón: No se trata de resolver el problema de los indígenas, sino de resolver el problema con los indígenas. Nuestra propuesta tiene cinco puntos:

  1. Reconocer el derecho a ser diferentes, a tener reglas especiales de convivencia y aún de gobierno. Aceptar lo diverso como enriquecimiento de todos.
  2. Reconocer, respetar y admirar no solo las características e identidades culturales de los otros, sino también sus capacidades. Reconocer al otro como ser diferente pero capaz de asumir su responsabilidad en el desarrollo.
  3. Aprender a vivir juntos. Hacer juntos, aprender - haciendo, aprender el uno del otro, educarse mutuamente, reforzando el saber de ambos desde la propia experiencia.
  4. Implementar una política económica y social que revierta de manera acelerada pero permanente, las condiciones de exclusión, atraso y marginalidad de los indígenas, con pleno respeto a su identidad, su cultura, sus costumbres y su sistema ecológico.
  5. Revalorizar el papel de la sociedad civil en la solución de los problemas de los indígenas. La sociedad mexicana es hoy más madura, crítica, exigente y participativa. Ha demostrado su solidaridad y profesionalismo.

 

Amigos:

Cuando hay guerra, cuando existe un conflicto como el de Chiapas no existe ningún derecho que pueda ser ejercitado a plenitud. Ni el derecho a la educación, ni a la salud, ni a la seguridad, ni a la justicia.

Dejemos en el pasado todo sentimiento que nos impida volver a la mesa de negociaciones. Si en ocasiones la torpeza del gobierno parece no tener limite, pensemos que tampoco debe tener limite el anhelo de marchar todos juntos hasta donde el destino de la patria nos detenga.

Respaldo los esfuerzos de mi partido para traducir a normas constitucionales los Acuerdos de San Andrés Larráinzar.

Necesitamos demostrar a la nación que la paz y el desarrollo no se construyen mediante el enfrentamiento, sino a través de la solidaridad, de la suma de esfuerzos, de voluntades y de corazones.

Pero para ello debe nacer en todos, lo que en casi todos ha faltado y que en ningún instante ni en nadie debió faltar: la confianza.

Amigos:

En la década de los noventa su proyecto de resistencia histórica da un giro importante. No existe vuelta atrás. No hay nadie que tenga fuerzas suficientes para detener un proceso histórico que de forma tan significativa se puso en marcha.

Como candidato me comprometo a aprovechar todo mi capital político para que pronto y con dignidad encontremos una salida al conflicto; Me comprometo a velar por la paz; pero también a buscar el camino que dé contenido a la justicia y desarrollo de los pueblos indígenas.

Como candidato les pido que se sumen a este esfuerzo, que afrontemos juntos este reto.

Ya es hora de construir un México mejor para nuestros hijos.