Relación México Estados Unidos
Vicente Fox Quesada

Hoy quiero reflexionar con ustedes sobre nuestra relación con los Estados Unidos. Con nuestros vecinos del norte no sólo compartimos más de 3 mil kilómetros de frontera, sino desafíos y destinos comunes.

En nuestras relaciones como en las de todos los vecinos, ha habido grandes encuentros y puntos de vista en común, pero también diferencias que reclaman de nosotros toda la atención, el talento y la capacidad de diálogo, en un marco de cooperación, respeto y auto determinación.

Sin embargo, en nuestra relación con Estados Unidos nos encontramos sin brújula, sin ambición y sin agenda.

Hoy aquí antes ustedes y ante todo México, me comprometo a plantear una agenda propia en nuestra relación con nuestro vecino del norte.

Lo primero: La profundización del Tratado de Libre Comercio.

Hemos sido testigos de las bondades del Tratado de Libre Comercio en materia de comercio exterior e inversión extranjera.

Sin embargo, un acuerdo comercial sin mecanismos de financiamiento compensatorio en materia de infraestructura y cohesión social, esta produciendo una distribución muy desigual de los beneficios entre las empresas y las regiones del país.

    • Necesitamos una mejor gestión del TLC.
    • Necesitamos que baje al nivel de las pequeñas y medianas empresas.
    • Necesitamos que llegue a todas las regiones del país.
    • Necesitamos que conduzca a la convergencia y no a la polarización.

    Hemos sido testigos de los beneficios de políticas compensatorias entre regiones y entre países en el continente europeo.

    El TLC no tiene futuro sino produce la convergencia entre los niveles de vida de los países que lo conforman.

    Un segundo aspecto que reviste la mayor importancia en el tema de la migración. No podemos seguir haciendo como que no vemos, sin estrategia ni visión de largo plazo.

    Ciertamente Estados Unidos cada día realiza más esfuerzos para limitar el número de mexicanos que pueden cruzar sus fronteras sin documentos. Se aumenta el peligro y el costo de entrada. Lo que no hemos hecho y es mucho más humano y más económico es elevar el costo de salida, incrementar las oportunidades en las regiones expulsoras.

    He propuesto muchas veces a gobernantes de Estados Unidos que en lugar de invertir en bardas, invirtamos juntos en el desarrollo de las comunidades expulsoras. Brindarles oportunidades en su propia tierra. Esa es la verdadera salida.

    Debe negociarse un número mayor de entradas documentadas a los Estados Unidos, pero todo dentro de una estrategia de largo plazo, que permita ir caminando al libre transito de personas y trabajadores, como lo hemos hecho para los bienes, los servicios y el capital.

    Queremos que los mexicanos que salgan lo hagan por gusto y legalmente, no por desesperación e ilegalmente.

    Un tercer capítulo se refiere por supuesto al narcotráfico. En esta materia necesitamos ser más audaces. Los narcotraficantes nos están ganando la batalla aquí y allá, en el lado de la oferta como en el lado de la demanda.

    Estamos por supuesto en contra del proceso de certificación que más que fortalecer la lucha contra el narcotráfico que no hace mas que tensar las relaciones bilaterales, y distraer la atención, el tiempo y los recursos hacia actividades no esenciales.

    Pero lo más importante, lo fundamental, es que nos libremos de la camisa anticuada de la visión bipolar de la cooperación y entremos a la era de la cooperación multinacional en materia de drogas.

    Para un observador externo resulta francamente decepcionante que los países no encontremos la salida de parar uno solo de los vasos comunicantes de la droga: ni la producción, ni el transporte, ni el consumo. No hay duda que los traficantes están más integrados que los gobiernos. No podemos permitirlo.

    En cuarto lugar, resulta necesario reflexionar sobre el futuro deseado de la relación México - Estados Unidos en el contexto de la integración de las Américas.

    Necesitamos formar un grupo que explore la relación en un contexto de largo plazo. Que defina la velocidad y la forma de integración que queremos, las instituciones supranacionales que debemos crear, los compromisos y acciones que cada país debe tomar. En este como en muchos otros aspectos estamos llegando tarde.

    Necesitamos iniciativa, visión y brújula de nuestra parte. Necesitamos capacidad de negociación y sobre todo calidad moral para negociar.