Sociedad civil y Democracia

Hoy en día es inconcebible pensar en un régimen democrático donde no existan organizaciones de la sociedad civil. Ya es tiempo de que el trabajo de las organizaciones de la sociedad civil sea reconocido y valorado en México.

Los partidos políticos con una auténtica vocación democrática nunca intentarán presentarse como el único mecanismo legítimo para representar los múltiples intereses y valores que conviven e interactuan en una sociedad libre.

El proceso democrático se convierte en una farsa cuando un partido o grupo se presenta como el canal exclusivo para la participación política de la sociedad, cuando un régimen despoja a las organizaciones sociales de su autonomía y cuando un gobierno sólo reconoce como interlocutores a las organizaciones que puede controlar y corromper.

El pueblo tiene el derecho constitucional de asociarse para participar activamente en los asuntos públicos. Es el cumplimiento de este derecho inalienable de asociación y el reconocimiento de las múltiples formas de acción, organización y participación que emanan de la propia sociedad, lo que fortalece el ejercicio de la ciudadanía y permite construir una nación plural y tolerante.

El pluralismo político sólo se convierte en una realidad cuando, paralelamente a los partidos, se permite y fomenta la existencia de organizaciones autónomas, a través de las cuales la sociedad pueda expresar demandas y participar activamente en la vida política.

Nuestro país comienza el nuevo siglo con una pesada carga de problemas sin resolver.

El gobierno que los ciudadanos elijan el próximo 2 de julio tendrá que hacer frente a profundos rezagos y desigualdades; a conflictos manejados irresponsablemente por administraciones anteriores; a estructuras institucionales obsoletas; pero, sobre todo, tendrá que enfrentar la desconfianza de los ciudadanos hacia sus autoridades ganada a pulso con engaño, corruptelas y mal gobierno.

En estas condiciones, de nada servirá que el nuevo gobierno realice su gestión con energía, imaginación y compromiso, si no es capaz de construir una nueva y diferente relación entre autoridades y ciudadanos y entre gobierno y organizaciones de la sociedad.

México necesita que su crecimiento y desarrollo no dependan exclusivamente de la acción del gobierno, sus agencias y su burocracia.

Hoy más que nunca se requiere una relación subsidiaria entre servidores públicos, organizaciones y ciudadanos. Porque el ejercicio del gobierno en una democracia se vuelve más efectivo en la medida en que se establecen lazos horizontales de cooperación, confianza y responsabilidad entre todos los miembros de la comunidad.

Las organizaciones de la sociedad civil han demostrado ser un canal efectivo de participación social y la articulación de las demandas ciudadanas, pero también un mecanismo eficaz para monitorear permanentemente el desempeño de las autoridades.

En muchos casos ha sido la existencia de organizaciones de la sociedad civil lo que ha permitido cubrir la distancia física y social que existe entre los gobiernos y las comunidades.

Y aún más, con su trabajo comprometido han cubierto muchas de las tareas que el gobierno ha omitido o ha realizado ineficientemente.

El trabajo de las organizaciones de la sociedad civil debe ser reconocido y valorado porque permite a los gobiernos comprender ampliamente las diversas realidades sociales y responder con mayor efectividad a los cambios que se presentan en el entorno económico, político y social.

Al colocar en primer plano problemas sociales no contemplados en la agenda gubernamental, impulsan el debate y examen de las políticas públicas y sus consecuencias; y facilitan el desarrollo de nuevos recursos de comunicación y aprendizaje entre las autoridades y las demandas ciudadanas.

Pese a ello, los sucesivos gobiernos no han sido capaces de establecer una colaboración creativa con las organizaciones de la sociedad civil, y antes bien, llegan a obstaculizar su trabajo e incluso a descalificarlo.

Para fortalecer el trabajo de estas organizaciones y establecer mecanismos de cooperación con el gobierno fundados sobre una base de respeto y transparencia, es necesario que cuenten con un marco institucional en el que las organizaciones se desenvuelven y desempeñan su labor. En este sentido, hay al menos cinco aspectos que requieren ser discutidos y analizados a profundidad:

Primero: es indiscutible que se requiere un nuevo marco jurídico para el reconocimiento de las organizaciones sociales. Las viejas fórmulas legales para la organización social no reconocen la riqueza y diversidad de la acción ciudadana en México. Resulta imperativo diseñar nuevas figuras jurídicas que faciliten la creación de organizaciones sociales, provean certeza y autonomía para su trabajo y garanticen la transparencia en el manejo de sus recursos.

Segundo: se necesita también una política tributaria que promueva el funcionamiento de las organizaciones sociales en México y evite que subsistan en estado de penuria financiera crónica, en gran medida por una normatividad tributaria que dificulta los donativos privados.

Tercero: es importante generar mecanismos de comunicación eficaces y transparentes para que las organizaciones tengan acceso a información pública confiable. De esta forma se podrá establecer una cadena de aprendizaje mutuo que sirva para mejorar políticas públicas y proyectos comunes.

Cuarto: hay que proponer que parte del gasto público se canalice a través de organizaciones sociales para que las organizaciones puedan participar en el diseño e instrumentación de políticas públicas.

Quinto: se requiere establecer mecanismos de cooperación internacional que faciliten el trabajo de las organizaciones sociales.

 

 Amigas y amigos:

En nuestro país hemos tenido un modelo económico que ha generado pobreza, y un modelo social que ha generado dependencia. La desilusión es doble, con la política económica y con la política social.

De ahí surge un tercer sector, el de la sociedad civil organizada, por el cual los ciudadanos ocupan cada vez más los espacios públicos para influir en los procesos y resultados del desarrollo.

México vive momentos de definición histórica.

Las luchas que hoy libramos para darnos un espacio de convivencia en el que prive la igualdad de oportunidades, demandan el mayor esfuerzo, creatividad y talento, de las organizaciones de la sociedad.

El entorno es propicio para la innovación, el entusiasmo y la dedicación que caracteriza a las organizaciones no gubernamentales.

Soy parte activa del sector social, sé de sus problemas y de su potencial. Por ello los invito a unirse a mi lucha.

México tiene ante sí enormes retos. La democracia que vive nuestro país debe transformarse en igualdad de oportunidades para todos sus habitantes. Esta es la esencia de la equidad y la integración social, el sueño que tengo y la razón de mi lucha.

Mi lucha es por llevar al país al cuadrante del éxito, donde están los países que crecen y distribuyen el ingreso, donde están los países que crecen e incrementan el desarrollo humano de sus habitantes.

Basta de modelos secuenciales. Vamos a demostrar, que es viable contar, al mismo tiempo, con una economía competitiva y exitosa y una sociedad justa y humana.

Mi propuesta es muy clara: Hacer visible el desarrollo para todos.

Para ello necesito al sector social. En mi gobierno tendrán espacios para participar y oportunidades para fortalecerse.

El gobierno que voy a encabezar tenderá puentes permanentes entre el gobierno y las organizaciones de la sociedad civil para que su trabajo y la gestión pública se complementen y retroalimenten.

El gobierno que voy a encabezar será sensible y atento a la voz de estas organizaciones porque son también la voz de los ciudadanos.

Muchas gracias